
"Si yo fuera usted me quitaría el reloj y lo arrojaría tan lejos como me fuera posible. Aunque pensándolo bien, si yo fuera usted, probablemente haría lo que haría usted, y no lo que haría yo. ¿Qué significa aquello que mencionaba hace un momento acerca de perder el tiempo? ¿Se puede perder el tiempo? ¿Se lo puede ganar? ¿Usted realmente piensa que una cuestión como el tiempo cabe en ese mecanismo que lleva atado a la muñeca? Cada día el sol sale a la hora que se le ocurre, los naranjos tardan lo que quieren en florecer y sólo Dios sabe los años que pasaremos sobre esta tierra. ¿Para qué preocuparse tanto de cuántos cuartos pasan de las ocho? No hay un solo minuto que dure lo mismo que otro porque en el mundo del que le hablo, en el mundo del que le hablo nada nunca se repite. La matemática –y la metafísica, agregaría el poeta-, no son más que consecuencias de encontrarse indispuesto. Pierda el tiempo, hágame caso, arránquelo de su muñeca, déjelo que se convierta en vino en las barricas, que leve con el pan y que vuelto polvo y cenizas se mezcle de nuevo con la tierra. Extravíelo, mi amigo, que para nosotros los mortales no hay teorías ni mediciones. Sólo historias es lo que queda. Sólo contarnos historias."
Javier Argüello, Barcelona
(Fragmento extraído de el proyecto para la noche en blanco de Chema Alvargonzález "El cruce de las palabras" )